Los seres humanos
contamos con cinco sentidos, y todos y cada uno de ellos son importantes por la
función que cumple y acción determinada en la que se les utiliza. La importancia
de cada uno se puede decir que es relativa, pero, qué sería de nosotros sin el
sentido del oído. Sin este sentido, la
comunicación sería bastante complicada y el equilibrio de nuestro cuerpo
necesitaría de una reeducación. Con el sentido del oído podemos recibir
información de los sonidos de nuestro entorno, reconocer los diferentes
fenómenos naturales, así como animales y, sobre todo a las personas, sin
necesidad de verlas. Las personas tenemos la necesidad de comunicarnos entre
nosotros y para ello hemos desarrollado el lenguaje.
El oído, tal vez el
sentido más pequeño y confundido de los
cinco… ¿Qué sabemos del oído además de su función principal, la de oír?
Nuestro sentido del
oído se divide en tres partes; el oído externo, el cual sí podemos observar a
simple vista; el oído medio, que transforma las ondas sonoras en vibraciones y
las conduce hasta el oído interno, el cual se encarga de transformar las
vibraciones en impulsos nerviosos y los envía al cerebro quien los interpreta e
identifica de donde provienen.
De los tres, su función
principal es la de oír, pero es gracias a estos que no solo se puede captar,
sino también procesar un amplia cantidad de sonidos en una mismo intervalo de
tiempo. Añadiendo a ello la capacidad de mantener la homeostasis de nuestro
cuerpo y también la de hacer sonar y producir. De ofrecernos una imagen mental
de la fuente de sonido, de hacernos sentir emociones frente a ellos hasta
llegar a hacer vibrar el alma.
Nuestros oídos
comparados con los otros sentidos, tienen un alto grado de sensibilidad, ya que
no solo recibe y traduce sonidos, sino que los convierte en sentimientos, y el
oído no solo escucha, también ve, porque gracias al oído es que vemos a través
de nuestro ojo interior, el de la imaginación, ese que no se limita a la
realidad, ese que se abre puertas y hace lo que mejor le parezca. Es así que
decimos que el oído vibra, siente e imagina. El oído, es el sentido de la
intimidad porque gracias a su complicidad con la imaginación, nos permite
crear, viajar y trasladarnos a donde nosotros mismos queramos.
Entonces, podemos decir
que hacer radio es en definitiva, seducir al oyente, ¿por qué?, porque la radio
se ha convertido en un medio de comunicación íntimo, porque hablar por radio es
emocionar, es crear un vínculo íntimo con el oyente, porque le hablamos al
oído, porque lo conmovemos y hacemos sentir cosas de mil formar, desde una
noticia, la música y los efectos de sonido hasta las imágenes auditivas que
creamos en ellos y ellas.
El secreto está no solo
saber la técnica, en tener buena voz o en poder monitorear u operar bien los
controles, el secreto está en crear una conexión, un vínculo entre la radio y
los oyentes para hacerlos partícipes porque la
radio afecta a la gente de una forma muy íntima, de tú a tú, y
ofrece todo un mundo de comunicación silenciosa entre el escritor-locutor
y el oyente.
ofrece todo un mundo de comunicación silenciosa entre el escritor-locutor
y el oyente.
El oído, la palabra y el lenguaje:
En algún momento se han
puesto a pensar, qué sucedería si no escucháramos, pues si no escucháramos no
hablaríamos y si primero escucháramos podríamos hablar mucho mejor. La
respuesta es ambigua pues se presta para dar paso a dos explicaciones
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Aprendemos a hablar escuchando; desde
pequeños nos relacionamos con seres humanos que practican y se comunican a través
del lenguaje (nuestro código en común), ese sistema de signos articulados, los
cuales con el tiempo hemos ido codificando para así desarrollarnos a diferencia
de otros mamíferos. Damos cuenta con la voz lo que recibimos mediante el
sentido auditivo. El oído es el pedagogo de la palabra, dice López Vigil.
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La fórmula invertida; estamos acostumbrados,
porque así nos enseñan, a compartir mensajes con la idea de la clásica fórmula;
emisor-mensaje-receptor, la cual nos confunde pues en radio emite mensajes la
persona encargada de la locución, también lo es la audiencia que participa de
esta (audiencia activa), en el momento de la participación es cuando
intercambian los roles de emisor a receptor y una cosa es hablar y
otra es comunicar, se necesita un código en común entre emisor y receptor,
porque si nuestros oyentes no nos comprenden no estamos logrando nada, no hay
repercusión.
¿Por qué se nos es
complicado escuchar al otro? En ocasiones creemos que solo nosotros tenemos la
razón, y el derecho de hablar, que nadie puede decir algo en contra, en radio
como en la vida diaria, esto nos juega en contra, porque no somos unos loros
parlanchines que solo repiten códigos. Entonces ¿dónde comienza la
comunicación? La verdadera
comunicación no comienza hablando sino escuchando. La principal condición del
buen comunicador es saber escuchar.
El ruido, el principal
enemigo de la comunicación, porque nos impide llegar al otro, y no nos
referimos a este no solo como una interferencia o como un desajuste técnico, porque
si yo empleo términos que el otro no entiende también estoy haciendo ruido. Parecido
sucede con el tema de cultura, porque no todos vivimos lo que otros viven, no
todos sentimos como otro sienten, ni mucho menos interpretamos del mismo modo.
La comunicación es más
que una simple trasmisión de mensaje, hablemos del sentido y del significado: Cada
receptor interpreta los mensajes a su manera, pues cada quien le dará un
sentido subjetivo, que en ocasiones no coincide con lo que el emisor trató de
decir. Cada persona ve y recibe mensajes desde ángulos diferentes, y como
tenemos diversas perspectivas del mundo los interpretamos a nuestra manera y
los transmitimos de la misma forma.
Ahora, si hablamos de
significado es ver el mensaje ya no desde quién lo recibe, sino desde quien lo
envía. El significado es entonces lo que el emisor intentó decirnos, siendo más
claros el mensaje que debió llegar sin ruidos.
Las personas según su
perspectiva pueden tergiversar el mensaje, debemos evitar los ruidos, ser
claros, explícitos, porque es el sujeto el que le da sentido al mensaje y es
con eso que se quedan. El trabajo de un radialista está en ser neutrales pero
humanos, y sobre todo de pensar en los oyentes. La principal condición de un
buen comunicador es saber escuchar. Es cuestión de ponernos en los zapatos del
otro, saber qué es lo que ellos y ellas quieren oír, mirar a través de sus
ojos.
Entonces, ¿cuál es el
lenguaje propio de la radio?, en la radio solo existen imágenes auditivas
(sonido). Una mezcla entre la razón, la naturaleza y el corazón, se les dice
voces, y las tres son igual de importantes junto con la música. Porque lo que
se diga se debe decir con emoción, concreto y preciso, de la mano con la
imaginación que juega un rol importante en los efectos de sonidos y de los sentimiento
representados por la buena música.
En radio también existen
silencios, y estos silencios pueden ser marcados o no, los llamados baches son
los silencios inesperados, aquellos que construyen ruidos y que pueden ser
peligrosos para la comunicación. También están las pausas, las cuales sí son
silencios intencionales, los que sí son permitidos y adornan la programación.
En radio se le habla
directo a la imaginación del receptor, por eso es necesario adaptar y crear
efectos, hablar claro y establecer una buena relación con el entorno y tener
claro que las palabras que utilicemos deben ser sencillas, hablar para la gente
y como la gente que conforma nuestra audiencia. Y de esta manera ayudarlos a
desarrollo participativo, orientarlos hacia su empoderamiento.
¿Las radios
comunitarias, educan? No, estas radios no se encargan de educar, se encargan de
darle valor a la palabra, y no solo a la palabra del locutor, a la palabra del
pueblo, de los pobladores. Porque esa sería la responsabilidad social de estas
emisoras, hacerlos partícipes, promover su empoderamiento, escuchándolos, dialogando
con ellos y ellas, creando comunicación. Hacerlos darse cuenta que todos somos
iguales pero a la vez diferentes.
Las radios comunitarias
no son centralistas, son espejos, porque crean reflejos, reflejos de lo que
somos y que por lo que somos valemos tan igual que los demás. Porque al igual todas
estas emisoras nuestro fin común es mejorar el mundo en el que vivimos.
Porque se lucha por una
licencia, para que por medio de nuestra profesión y vocación sin fines
netamente lucrativos más que con fines de sostenibilidad podamos promover la
participación de los ciudadanos y defender sus intereses. Porque estamos al
servicio de la comunidad y luchamos por sus objetivos sociales, trabajamos
todos para todos, fortaleciendo, para que la gente sienta y asuma su
compromiso. La radio como mediadora para defender los derechos y el
protagonismo de la ciudadanía en sus planes de desarrollo. Porque cuanto más
democrática es una radio comunitaria más estará contribuyendo a ampliar el
ejercicio de los derechos y deberes de la ciudadanía.

Nataly,
ResponderBorrarTu itinerario es muy conveniente y lo noto ordenado.
Tus vinculaciones y material de asistencia son válidos.